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Desbocado vapor de caricias, centella de fuego, fragmento de sombra. Fulgor de estrella te vas enredando como hiedra en multiplicados pelos de mi pecho.
Raptora de mis ojos, cautivo sabor de ambrosia, no la sal, sí el azúcar, no la ceguera de estos ojos que deslumbras con el rosado de flamencos en la mitad de mi mirada.
Arrasador viento en la tempestad de estío, ruedas en mi boca dulce herradura de cuero, haces de mis belfos cultivo de tu aliento. Muñeca mía, piélago naranja, las astillas del nido te aguardan.
Fundadora de mis sueños, crepúsculo de espalda eres al entrar a tu derrotero. Mi piel es la planicie de tu vuelo amarillo. Ave nocturna de polen enciendes mis frutos de brasa ardiente con la fricción ancestral de tus manos, que parecen jugar con la llama desnuda/. Al acariciarme, palma de uva, me haces producto de ceniza, consumación agotada en olas que arden en tu seducción vestal.
Flama de quemadura, buscas los rincones en los cabellos ígneos de mi alma. que se inmolan en el canto de tus palabras. Mujer mía, de palomas, tulipa escarlata, verbena de mis ansias, me cautiva el vaivén de tus pestañas y el cierre de sombras en tus cejas pardas/. En esta comunión de lentas espiras que se abrazan somos el producto que distribuye humo en las ventanas del alba. cuando veo despertar tu rostro en el círculo del amor que abrazo... Somos la vastedad que alcanza la altura del parral destilando mosto, en esta brecha de fuego nada nos separa, somos una sola proa de arca, Integrando tus senos en las hebras relevantes de mi pecho que te abarca. Ahora duerme, púrpura fluido en que flota mi barca, la noche ha venido a dormir en esta senda donde la vida respira en el extenso cosmos al calor de los cuerpos que en reflejo se rozan mientras el ocaso descansa/
Bajo tus cejas de abano partidas la luna aletea en aspas de amapolas y los cometas reposan en la intemperie de dos cabezas que son sueño y alas de nupcias en el lecho que exhala fragancias/
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